EL DISCURSO DEL SILENCIO HA MUERTO

EL DISCURSO DEL SILENCIO HA MUERTO

martes, 31 de diciembre de 2013

EL CUENTO DE NUNCA ACABAR. EL AGUA DE MURES LLEGA A LA ALDEA


                                 


Viendo los vecinos que eran muchos los que bebían de la acequia, que había corrales de animales cerca y a ella llegaban sus mierdas, decidieron, ahora que tenían menos miedo, traer por tubería del manantial agua limpia a un pilar en la plaza. Y así lo hicieron.
Cuentan que en una noche cavaron la zanja entre todos los que podían. Paco recordaba que fueron dos semanas y que el alcalde del pueblo de Alcalá la Real, Pablo Batmala, puso los tubos y mandó algunos hombres que sabían hacer mina. “¡Ahora o nunca¡”, les dijo, pues se avecinaba la reacción a la revolución social que por esos días cruzaba estos territorios.
El agua llegó a la aldea, hubo fiesta y una banda de música para recibirla al salir por los tres caños que aún siguen manando. ¡¡Agua para todos!!, se oye aún como un eco por estos barrancos.

A MODO DE RESPUESTA
De nuevo, los amos querían sus privilegios. Montados en cólera y armados, preparaban su zarpazo. La convivencia se fue enrareciendo y un odio amargo llevó a éstos, a la guerra contra el pueblo; a darles escarmiento por la libertad que se habían tomado.
Poco a poco, pero pronto, curas y militares fueron sus aliados. Con sobornos y amenazas fueron averiguando quiénes se resistían al orden que ellos representaban. De nuevo recobraron su poder y con sus brazos armados usurparon la autoridad legal, pusieron cerrojo a los alimentos y distribuían a su antojo cartillas de racionamiento. En las colas del pan, en el molino, hacían esperar horas inútiles, a las mujeres las echaban atrás por no ir peinadas con el “arriba España” (forma de llevar el pelo).
Cuentan que un vecino de Mures, al que llamaban “Piñero”, mientras segaba veía las fatigas de un hombre que labraba un huerto para dar de comer a su familia.
Cuando cuajaban las matas y algunas daban sus primeros frutos, se cortó el agua de la acequia con la que regaba. Sin saber qué hacer, el hombre daba vueltas entre las plantas de hojas caídas en los rigores del verano, solo alguna lágrima amarga se le saltaba a la tierra para aliviarlas. Conmovido del trato injusto que éste pobre hombre recibía de quiénes aguas arriba decían tener la propiedad de los veneros, decidió ayudarlo, le propuso ir él:“coge tú la hoz que yo voy a regar el huerto” y así lo hizo. Comprobando que cuando apenas un hilo de agua bajaba sin fuerza para entrar por los surcos, ya se cortaba. Sin pensarlo, fue cauce arriba hasta encontrar al amo de una finca(cercana al cortijo de los Amaros) que estaba junto a la compuerta cerrada. Habló con él y le dijo que dejara pasar el agua, ¡ahora le toca a los aparceros!.
El amo de las tierras contestó: “quiero toda el agua”.
Piñero insistió: “En los huertos que hay pegados a la aldea, los vecinos pasan hambre porque el agua ahora no llega”.
Y fue y entreabrió la compuerta para que también llegara agua a los de abajo. Se acercó al amo que le amenazaba, y dijo Piñero:”Como toques ahí, te pongo de torna y tapas la boca del agua”.
Tras lo sucedido ese día, el amo del molino y otros que estaban con él, recelaron. La amenaza, permitió que el agua llegara a la aldea para los riegos de las huertas, y con ella, llegó la alegría a su gente.
Fueron unos cuantos los que salieron, “niños de la noche”, a poner freno a las risas y las vejaciones... Ya se veían los pájaros que traían el invierno cuando decidieron tirar al monte. Como bestias fueron cazados, ley de fugas, fue el juicio y la sentencia: PIÑERO, MUÑOZ, JUANICO, PAQUETE y PATRICIO, casero del Encarbo, con su hijo más grandecillo JOSÉ(que fue testigo de la muerte de su padre, también lo mataron). El delito de Patricio fue abrir la puerta de su cortijo y dejar que se calentaran las noches de frío.

MURES, LA ALDEA DEL AGUA ENVENENADA
La aldea como dormida, confiada... fueron pasando los años. Nuevos nacidos y aquellos que vivieron lo sucedido los iba borrando la edad.
Como perros apaleados recordaban cuando eran niños, el hambre, hacer la vida en las cuadras de los cortijos donde sus padres, que no los podían mantener, los ajustaban de porquerillos… Cosidos a piojos y en bandas, corrían de los guardas y de las palizas que les daban cuando rebuscaban bellotas que comer por esos montes...desamparados...
Ya son pocos y con fatiga caminan, sus cicatrices y su voz viva lo van contando: muertes, torturas, encarcelamientos…Pasaron ya más de cuarenta años de ir aguantándoselas todas.
Las máquinas, en su revolución verde, pisoteaban los campos y expulsaban a los campesinos jornaleros. Como pájaros hambrientos, migraban al calor de las industrias de las ciudades de esta península. La mayoría iban más lejos, por Europa. Unos criaban allí sus hijos, otros mandaban remesas a los que quedaban aquí, ahorrando para comprar casa y tierra.
Fue el tiempo en que los amos que mancharon sus manos de sangre quisieron lavarlas. Transición y gobierno del pueblo decían, preparando su nuevo negocio de servicios, bienestar y vacío.
Facilidades para hacer rentables los ahorros en cartillas de Banco, con intereses que superaban a los conseguidos con el esfuerzo del trabajo en la tierra. Así fueron capitalizando con los ahorros de la gente sus Cajas. Monetarizando la vida.
Ya vivir de la tierra era un atraso. Se daba la espalda a ese trabajo , a sus semillas y a enseñarlo a sus hijos. Ya no había más “oficio” que vivir de la beneficencia apuntado al paro. Mientras los amos seguían deforestando, roturando, y sembrando olivos y más olivos. Pinchaban la tierra para hacer pozos y regarlos, lanzaban abonos químicos con herbicidas quemando la tierra.
¡Oro líquido!” llamaban al fruto de sus árboles. Y así, poco a poco, volvía a mermar el agua que bajaba a la aldea, así la envenenaban.


UNA INICIATIVA POPULAR MACHACADA
Ilusionados por las palabras de nueva política de cambio, el pueblo encontró un resquicio: convertirse en “ENTE LOCAL AUTÓNOMO” (en el ámbito del municipio del que forma parte), pensando que de esta manera podían atender sus necesidades de gobierno.
Ha sido un espejismo, un desengaño. Los vecinos no quieren que alguien pueda de nuevo “hacer del agua su apaño”, pero ven que en los usos se permite seguir envenenándola hasta no poder beberla.
Quienes tienen obligación de cuidarla, regidores del municipio matriz(Alcalá), que es su competencia, miran hacia otro lado. Quieren para negociar con el pueblo, ser dueños del pozo. A cambio mezclarán el agua de su pozo con agua limpia para diluir el veneno que los amos de la tierra siguen tirando.
Nadie quiere ayudar a este pequeño gobierno(otras administraciones cierran puertas y hacen dar vueltas), que no alcanza a pagar las garrafas que suministra a sus vecinos para que beban.
-De nuevo no se hace justicia.
-Es de Ley: agua para beber un pueblo.
-Aquellos que tienen en sus manos ser garantía de su uso social, especulan sobre los negocios, sobrevenidos del caos criminal que propician.
-A los amos de la tierra se les da derecho a perforar, envenenar y a que los animales se caguen en la boca del pozo.
-También sobre el agua dan vueltas empresarios de la ciudad cercana, la administración pública y sus empresas urbanizadoras, para seguir especulando.
-De nuevo el agua
-El expolio del mundo rural campesino.
-De nuevo ríen los amos entronizados en la propiedad y sus escrituras.
-De nuevo se corta el agua, se seca la vida de una aldea.
-Con el lenguaje de los tiempos se quieren tecnificar sus redes de abastecimiento, para administrar su veneno mortal.

EPÍLOGO:
La gente con su viva voz habla lo que sucede, sin dar crédito a quienes tratan de que duerman con más cuentos.
No quedando aquí la cosa de escribir un cuento, ya se sabe que los aficionados no tenemos elementos suficientes para dejarlo bien redactado; los vecinos al leerlo comentan el desajuste en los tiempos, en la cronología de los hechos. Su viva voz lo sabe sin numerar las fechas, no fue este cuento buena crónica, y se añade esto:
Piñero llega a Mures enamorado de una de sus vecinas, él venía de Piñar, después de la que llamaron “Guerra Civil”. Eran los tiempos del hambre, los amos ya habían ganado la guerra contra el pueblo, ya tenían puestos los cerrojos a la comida, se mofaban del pueblo vencido, le hacían sufrir como demostración de su poder y, aún más, para castigar cualquier brote de insumisión, como el protagonizado contra las víctimas del crimen de Noalejo, (que hemos narrado). También las gentes recuerdan que a Pablo Batmala alcalde de Alcalá, pagó con su vida el apoyo al pueblo.
Cuentan que un cabrero indicó el lugar de la cueva donde se escondieron de guardias civiles y somatenes que los buscaban; no se habla de las razones que tuvo para hacerlo.



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