EL DISCURSO DEL SILENCIO HA MUERTO

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lunes, 14 de abril de 2014

LA JUNTA DE ANDALUCÍA SIN MAYORÍA ESTABLE



SÁBADO, 12 DE ABRIL DE 2014

Susana Díaz devuelve las competencias a IU

PSOE e IU alcanzaron de madrugada un principio de acuerdo para cerrar una crisis política que durante 24 horas dejó a la presidenta de la Junta de Andalucía sin la mayoría parlamentaria que sustenta su Gobierno.


Susana Díaz estuvo ayer durante varias horas sin mayoría estable en el Parlamento de Andalucía, la cámara legislativa que hace sólo siete meses la eligió, sin mediar elecciones, como presidenta de la Junta. La crisis política en Andalucía se cerró, sin embargo, al filo de las dos de la madrugada del sábado, cuando PSOE e IU, enfrentados durante los dos días previos, anunciaron un principio de acuerdo que se traduce en un nuevo decreto de la presidenta que devuelve, 24 horas después de haberlas retirado, las competencias de vivienda a la Consejería de Fomento. Se impuso la prudencia, aunque tras el encontronazo entre Díaz y sus socios la relación en el seno Ejecutivo andaluz no volverá a ser la misma. Hasta unas horas antes de la fumata blanca (por decirlo en términos vaticanos), el conflicto entre los dos partidos que forman el Gobierno regional había sido bronco y tenso. La guerra fue avivada personalmente por la máxima dirigente socialista, que el pasado viernes, también de madrugada, en vista de que no había conseguido la rendición inmediata de sus socios de gobierno, resolvió publicar en el BOJA una orden que suspendía legalmente parte de sus competencias, finalmente revocada in extremis. Díaz convertía así en un decreto en vigor lo que hasta entonces tenía la apariencia de un farol político. En los primeros compases del combate parecía incluso una manera inteligente de hacer valer su autoridad, al dejar a sus socios al menos una puerta abierta para negociar una salida que evitase el choque frontal por el realojo de las familias de la Corrala Utopía. Después la cosa se torció hasta que finalmente hubo tablas.
Para Díaz lo que estaba en cuestión en esta guerra no era el procedimiento para adjudicar las viviendas sociales, sino el propio timón de la Junta de Andalucía¿Se precipitó la presidenta durante el inicio del conflicto? Todo hace indicar que sí. Lo demuestra no sólo su decisión de revisar su propia resolución, sino el hecho de que para ella lo que estaba en discusión no era realmente el procedimiento para otorgar los pisos sociales, sino el propio timón de la Junta de Andalucía. En función de esta clave personalista es como hay que interpretar su conducta, que en el fondo tampoco suponía ninguna sorpresa. Díaz ha sido históricamente una dirigente a la que siempre le ha ido bien imponer el protocolo del ordeno y mando. En el PSOE, donde lleva militando desde joven, ésta ha sido su costumbre, la norma de la casa, el estilo mismo del susanato. La presidenta había decidido trasladar esta misma metodología al Ejecutivo andaluz, aunque sin reparar en que sus socios de gobierno no son como los militantes que reciben un sueldo por decisión directa suya, sino la fuerza política parlamentaria que precisamente respaldó en el mes de septiembre con sus votos su investidura. Una diferencia notable. Suficiente para dar marcha atrás en apenas 24 horas.

Su decreto inicial había roto, de facto, el pacto de gobierno que PSOE e IU suscribieron hace dos años. Antes incluso de la propia designación de Díaz como sucesora de Griñán. Las razones eran evidentes: el reparto del poder en el seno del Ejecutivo andaluz no deviene de la voluntad de la presidenta (que además no lo era cuando se suscribió el convenio de colaboración), sino del protocolo negociado por ambas partes para evitar que gobernase Andalucía el PP de Javier Arenas, que fue la lista más votada en las elecciones. Es el pacto, y no la presidencia de la Junta, quien da y quita competencias. Díaz incumplió estas reglas del juego unilateralmente al publicar su decreto. Después las restituyó al anularlo. Horas antes de llevar al límite las cosas ella misma abrió la puerta a negociar una solución con IU, pero sin fijar ningún plazo. Por eso su primer movimiento puso las cosas muy imposibles. Izquierda Unida, de hecho, pensaba que contaba con varios días más para buscar una salida al conflicto. Pero Díaz, en lugar de un mero desacuerdo puntual, lo único que veía era un desafío directo a su persona. Y decidió romper los puentes.

Es el pacto, y no la presidenta, quien otorga y quita competencias en el seno del Gobierno andaluz. El decreto inicial vulneraba el acuerdo parlamentario con la coalición de izquierdas, restituido tras su anulación. La coalición de izquierdas se desayunó con la resolución. Casi se atraganta. Sus máximos dirigentes convocaron un gabinete de crisis de urgencia con Cayo Lara y otros dirigentes nacionales. Horas después respondieron anunciando la “suspensión momentánea del pacto de gobierno”. La cosa no dejaba de tener gracia: una fuerza política de vocación republicana recurría en este trance a la misma terminología eufemística que la Casa Real utilizó para anunciar la separación entre la infanta Elena y Marichalar. Entonces se habló de “cese temporal de convivencia”. El divorcio entre socialistas e IU implicaba una “suspensión momentánea” del Gobierno andaluz. Nadie sabía muy bien qué implica en realidad esta ruptura temporal. No había antecedentes. Tanto es así que a ambas partes les ha parecido al final más prudente dar marcha atrás y fabricar argumentos para tratar de salvar la situación. Los socialistas no se esperaban la reacción de IU. Confiaban en que darían un paso atrás. La presidenta, que participó ayer en un acto con Elena Valenciano en Sevilla, no tenía buena cara cuando fue interrogada a primera hora de la mañana por la prensa. Pidió prudencia y diálogo, cuestiones que, tras la publicación de su decreto, resultaban muy difíciles de recuperar, por no decir imposible. Al final hubo acuerdo, pero sobre unas bases distintas a las existentes hasta ahora. La relación entre PSOE e IU ya no volverá a ser igual.

IU quería que la presidenta diera marcha atrás. Parecía una quimera. De madrugada, sin dar demasiados detalles, su equipo confirmó que la presidenta devolvía las competencias a IU, decidió mantenerse firme en este pulso: el coordinador de la coalición en Andalucía, Antonio Maíllo, negó que hubieran incumplido la ley, responsabilizó a la presidenta de la crisis y dio a entender que para restablecer la situación política previa Díaz debía dar marcha atrás. Parecía una quimera, porque si la presidenta reculaba su imagen quedaría debilitada. La fórmula pactada consiste en mantener en las viviendas a parte de las familias ocupas (aquellas en las que no existe duda sobre su situación de exclusión social) y revisar el resto de casos en función de los informes de los servicios sociales. De esta forma se puede presentar la solución como un empate entre ambas partes. Es una manera de verlo. Las lecturas oficiales de socialistas e IU van a ser divergentes. Es la prueba de que este encontronazo se cierra en falso. Por necesidad mutua, más que por convicción. Ambas partes se adjudicarán la victoria. Ya se sabe que la derrota nunca tiene padre. Los hechos, sin embargo, auguran que la burbuja política en la que Susana Díaz ha estado subida durante los últimos meses ha comenzando a desinflarse. La presidenta ha hecho dos decretos contradictorios en menos de 24 horas. Y eso, lo adornen como lo adornen los portavoces oficiales, no sólo es una anomalía en su carrera política, sino algo bastante parecido a una derrota.


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